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Paco Márquez: –¡Ha muerto Chanquete!

–¡A marítimas!

Algunos comentarios se merecen un post por derecho. Este es del Comodoro Sakarratxa en el post sobre El Cabo.
“Fue en algún punto cerca del Cabo, tras doblar Agulhas, con Tiempo duro del Oeste…

Siendo El Cabo, por supuesto, el Cabo de Buena Esperanza, el Cabo de las Tormentas de su descubridor portugués. Y ya sea que la palabra «tormenta» no debe pronunciarse en la mar, donde abundan las mismas, o que los hombres no se atreven a confesar sus buenas esperanzas, el caso es que se ha convertido en el cabo sin nombre, en el Cabo tout court. El otro gran cabo del mundo, curiosamente, es llamado cabo muy pocas veces, si es que alguna. Decimos «un viaje alrededor de Hornos»; «remontamos Hornos»; «el azote de las olas fue tremendo a la altura de Hornos»; pero rara vez «el Cabo de Hornos», y, de hecho, con cierto fundamento, ya que el Cabo de Hornos es tanto una isla como un cabo. El tercer cabo tormentoso del mundo, que es el Leeuwin, recibe, generalmente, su nombre completo, como para consolarlo de su dignidad de segunda categoría. Estos son los cabos que presiden los temporales.

El derecho al segundo lo obtendrás a la altura de ese otro cabo al que se priva siempre de su título así como al Cabo de la Buena Esperanza se le despoja del nombre.

Fue a la altura de Hornos… Nada da una imagen tan viva de la furia desmelenada como un temporal del Oeste al radiante claro de luna de una latitud alta. Verlo te ayuda a conocer la edad de la Tierra.

Y sigue en otro comentario:

de las Tormentas al ir, pues te las encuentras y te persigen hasta mas allá del banco Agulhas donde se dan las olas de pared más altas de la Tierra. De la Buena Esperanza al volver, pues hasta remontarlo te has tenido que pegar, o mejor, te ha estado pegando en el hocico lo de la ida durante 250 ó 300 millas y al remontar el Cabo lo que te queda hasta casa es solo dos Atlanticos cuestabajo.

SAIL HO!”

Para los de tierra, aquí un enlace sobre los Roaring Fourties. Juro que acojonan.

Okuhepa

El que no ha estado allí no sabe lo que significa inmenso, luz, soledad, luna, nada, arena, huella, polvo, sol, agua, sobrevivir, sonrisa. Las fotos, la gramática, los vídeos, no sirven. Espero que el sonido de una noche en la Costa de los Esqueletos, sí. En himba, gracias se dice okuhepa.

“Conozco una canción de África, que habla de la jirafa y de la luna nueva africana descansando sobre su lomo, de los surcos en los campos de cultivo y de las caras sudorosas de los recolectores de café. ¿Acaso conoce África una canción que hable de mí? ¿Se agitará el aire sobre la llanura con un color que yo he llevado? ¿O tal vez los niños inventarán un juego en el cual figure mi nombre? ¿Formará la luna llena una sombra sobre la grava del camino que se parezca a mí? ¿O tal vez me buscarán las águilas de las Colinas de Ngong?”

Isak Dinesen

Dado que la corrida con los ñus se suspendió por razones ajenas a la empresa, he aquí queridos lectores la repetición en diferido de la televisada con focas en la feria de Skeleton Coast, Namibia. Os juro que los directores de lidia eran guías profesionales.

Ideas liebre

“A Africa no se va. De Africa se vuelve”.

 

El Cabo

Vasco de Gama le puso El Cabo de las Tormentas. Su rey le llamó Buena Esperanza. El marketing. Claro, que nunca había estado allí. En el Cabo de las Tormentas, por todos los que duermen en el fondo del océano. Por los que quieren dinamitar fronteras. Por la gente con cojones. Por la gente del mar y por los que no están.

Quiero ser más rápido que ellos, echar todo a perder, un día tras otro y un buen rato después saber llegar a Barajas antes de que el Sol me diga que es de día. Cruce de Barricada con los Iruñako en la cabeza, camisa de absurda raya azul, la única lógica de un lamparón de frito de pimientos de Espoz y Mina. La vida pasa en un muletazo, un aterrizaje, un despegue, un abrazo en el aeropuerto y la certeza de que hemos sido felices. Hace unas horas que son kilómetros, pasamos del infierno a la gloria en 18 zancadas. En 18 horas, de San Fermín al desierto de Namibia.

Definitivamente, se vive hacia adelante, o no se vive, Iriberri Dixit. Abrazos a todos. Todos. Sale el avión. Agur. Contaremos.

La redacción de Nadando con chocos se despide unos días por motivos obvios. Hasta más ver. Ya saben dónde estamos.

Saltar, cantar

Podemos, sí y todo eso, como podemos levantarnos de la cama, oiga, con la que está cayendo de las 65 horas semanales, la gripe y las susencias. Digo, podemos y pueden, y puede ser fantástico un partido de fútbol -toma comillas- con olor a mar, con las sirenas de los barcos sonando a alirones en el muelle. Pooooooooooo.  “El ser humano… Es extraordinario”, dice un loco en la tele. Y que lo digas. Siempre podemos, hasta que todo es saltar y cantar, sin ejemplo, como zampanzares absurdos del lo-lo-lo, sin más que decir que saltar y bailar. Podemos perder incluso oportunidades de quedar bien, que es lo primero que se pierde, antes incluso de la cartera.  Que si Reina lo-lo-lo, Casillas en calzonzillos, el otro idiota con la copa en la cabeza, lástima que no se atrancase. Más saltar en Colón, qué blanco lava, leches, podemos sin poder ser más originales, humanos, sarcásticos, ejemplificantes, valientemente ibéricos, incluso, cuando decenas de millones de personas nos escuchan. No podemos decir nada más. Lo-lo-lo con la cámara. ¿Qué dirías si te oyesen decenas de millones de personas? ¿Que bote Villa? Mamá, te quiero. Mínimo.

Conste que lo dice uno que en unos días estará saltando y bailando. Claro que no es lo mismo sin cámaras, con los Navarrete en el cogote de la andanada y las palmas al cielo, absurdo, feliz. No te quieres enteraaaaaaaaaar, que te quiero de verdaaaaaaaaaad. En esas estaremos, hasta volver a vernos. Abrazos y feliz verano. Quedaros con eso: podeis. En serio.

Sé que esto no está para esto, que me van a poner verdes los de la foto, pero no me resisto a colgarla. Es fantástica. De cuando Manolo salió por la Puerta del Príncipe. Ahí es nada. Un día el Gorrión contará –espero– el día que cuajó una vaca de Pablo Romero.